El ayuno se define como una abstención total o parcial de alimento o comida. Se ha practicado siempre, es uno de los remedios más antiguos de la historia de la humanidad y prácticamente ha formado parte de todas las religiones. Se le atribuye cualidades como purificación o limpieza.

Incluso los animales, dejan de comer cuando se encuentran enfermos. El padre de la medicina moderna, Hipócrates afirmó “Comer cuando se está enfermo, es alimentar la enfermedad” y Paracelso, uno de los fundadores de la medicina occidental: “El ayuno es el mayor remedio, el médico que tenemos dentro”.

Fisiológicamente, debido a épocas de escasez, el organismo ha ido desarrollando procesos de adaptación al ayuno: hay un cambio de sustrato como fuente de energía. En el ayuno, el organismo al no tener glucosa procedente de los alimentos como fuente de energía, acude a las reservas de triglicéridos.

Durante el ayuno se produce un aumento de la hormona de crecimiento, lo que favorece al mantenimiento de la masa muscular y la densidad ósea. Esta hormona va descendiendo a medida que envejecemos por lo que practicar el ayuno es una buena manera de estimularla.

Otra hormona como la adrenalina, se ve aumentada tras 24 horas de ayuno, por lo que el metabolismo aumenta con el ayuno, lo contrario que  se podría pensar, e incluso hay una sensación de mayor energía. También se ha observado que el ayuno mejora la sensibilidad a la insulina.

A diferencia de la dieta hipocalórica clásica (reducción calórica) , el ayuno es más fácil de mantener a largo plazo, además  la reducción calórica a medida que pasa el tiempo dificulta la pérdida de peso debido a la adaptación del organismo. Ambas estrategias mejoran ciertos marcadores como como el LDL.

Para mejora de patologías como diabetes e hígado graso, lo mejor no es un mayor número de comidas, por lo que el ayuno sería una buena práctica.

Ventajas del ayuno: es una estrategia simple, no hace falta pensar en la próxima comida, emplear tiempo en cocinar, ni liarnos con la típica lista de alimentos permitidos, además no tiene coste alguno. Además, se puede combinar con diferentes tipos de dieta: paleo, mediterránea, vegana…

Se estimula la autofagia inducida por el ayuno: un mecanismo de reciclado por el cual las células utilizan componentes celulares para la obtención de energía. Esto se relaciona con un menor riesgo de contraer enfermedades. 

¿Qué puedo tomar durante el ayuno?

Agua, bebidas sin calorías tradicionales como té, infusiones herbales, café (los antioxidantes del café y la cafeína nos pueden ayudar a reducir el apetito), agua con gas, evitando refrescos y bebidas edulcoradas.

Para ayunos más largos, el caldo de las verduras o de huesos son otras opciones.

¿Qué tipos de ayunos existen y cuál llevaré mejor?

El ayuno más común es el que muchos de nosotros realizamos por la noche, el ayuno de 12 horas, que supone 12 horas donde podemos comer y 12 de ayuno.  Por ejemplo, si cenamos antes de las 8 y desayunamos a las 8, lo hemos conseguido. Peor para obtener mayor beneficio, debemos de dar un paso más.

Ayuno 16:8 o ayuno de 16 horas, donde igual que anteriormente, debemos estar 16 horas en ayuno y 8 horas en las que podemos comer. La forma más fácil de realizarlo es eliminando la cena. Otra sería retrasando el desayuno y adelantando la última comida del día. Es el más recomendable, pero lo ideal es ir adaptándonos poco  a poco y siempre mejor de la mano de un profesional como es el dietista-nutricionista.

Existen también ayunos de 24 horas, e incluso de varios días, semanas… los cuales deben seguirse siempre por un profesional, igualmente en caso de que exista alguna patología.

Es aconsejable, practicar ejercicio tanto de fuerza como de resistencia, ya que el organismo recurre como hemos explicado, a otras fuentes de energía, y los niveles elevados de hormona de crecimiento y adrenalina facilitan la práctica de ejercicio. Y por supuesto es importante mantenerse siempre hidratado.