Una hernia discal se produce cuando uno de los discos que separan las vértebras sufre deterioro o se sale del sitio, algo que puede causar dolor y molestias en zonas como el cuello y los brazos. Aunque se trata de una lesión que necesita cierto reposo y que puede implicar acudir a la cirugía, no sólo no es un impedimento para hacer deporte, sino que uno de los mejores métodos para tratarla es precisamente el ejercicio.

Según explica Francisco M. Kovaks, presidente de la Fundación Kovaks de investigación médica sobre dolencias del cuello y la espalda, “el ejercicio es indispensable para la rehabilitación de hernias discales y es el único método que ha demostrado ser efectivo para reducir el riesgo de sufrir recaídas en el futuro”. No obstante, aunque el deporte sea un buen remedio frente a este tipo de lesiones, es necesario saber cómo y cuándo practicarlo, pues de lo contrario se corre el riesgo de empeorar los síntomas de la hernia discal, especialmente el dolor.

Kovaks asegura que se pueden dar dos situaciones: que la hernia discal cause dolor irradiado al brazo o la pierna, dependiendo de si es cervical o lumbar; y que no lo cause. En este segundo caso, el experto afirma que “la hernia es un hallazgo casual que carece de importancia y no influye en la práctica de ejercicio o deporte”; sin embargo, si se experimenta dolor, “debe interrumpirse el ejercicio físico intenso hasta que la fase aguda se haya pasado”, aunque matiza que “es igualmente importante mantener el mayor grado de actividad que sea posible sin desencadenar o exacerbar el dolor”.

Los ejercicios beneficiosos para tratar la lesión de un disco intervertebral son aquellos que potencian los grupos musculares que intervienen en el movimiento que compromete a los discos y la espalda. El especialista asegura al respecto que “conviene potenciar la musculatura del cuello y la espalda (paravertebral), glúteos y, en menor medida, abdominales”.

Sin embargo, como afirma Kovaks, cuando ha tenido lugar recientemente una fase aguda de hernia discal con dolor, es conveniente aumentar las precauciones a la hora de hacer ejercicio. El experto aconseja, en las semanas siguientes al episodio doloroso, “evitar las vibraciones intensas, como las que provoca una moto o un quad, y los movimientos de flexo-extensión y torsión bruscos, como los del tenis y el squash”, aunque matiza que “para determinar qué ejercicio específico debe hacer o evitar un paciente concreto es necesaria una exploración física”.

Hacer ejercicio tres veces por semana

A la hora de practicar deporte como rehabilitación ante una hernia y para reducir el riesgo de posibles recaídas futuras, es importante conocer la frecuencia para no empeorar la lesión y tampoco quedarse cortos y que el ejercicio no surta ningún efecto. Kovaks recomienda, como práctica general, “hacer ejercicio no menos de tres horas semanales”, aunque afirma que “el ejercicio aeróbico puede realizarse diariamente”.

En cuanto a los ejercicios enfocados a mejorar la potencia o resistencia muscular, el experto explica que “lo óptimo es hacerlo tres veces por semana, pues el músculo necesita un tiempo de recuperación después de haber realizado esfuerzos máximos”. Para hacer más de tres sesiones semanales, explica el especialista, “es necesario alternar los grupos musculares que se trabajan cada día, y respetar, como mínimo, un día de descanso semanal”. En caso de que cualquier ejercicio desencadene o agrave el dolor, especialmente el irradiado al brazo o la pierna, debe interrumpirse.

Fuente: Blog CuídatePlus