El dolor de espalda es la principal causa de incapacidad y absentismo laboral. Más del 80% de la humanidad sufrirá algún episodio de dolor lumbar.

EL EJERCICIO: ¿LA BALA MÁGICA?

Con diferencia, la actividad física es la mejor terapia contra el dolor crónico de espalda. Es tan efectiva como los analgésicos para tratar el dolor, pero tiene más impacto a la hora de mejorar la función.

¿CÓMO ACTÚA EL EJERCICIO?

El gran beneficio del ejercicio es que actúa a través de múltiples mecanismos, atacando el problema de raíz: movilidad, fuerza, circulación y sistema nervioso.

Movilidad

Muchos problemas de espalda se deben a restricciones de cadera, provocadas por nuestra vida sedentaria. Si tu cadera no se mueve bien, tu zona lumbar deberá compensar, derivando con el tiempo en dolor de espalda baja,  por tanto es conveniente realizar trabajos de movilidad de cadera.

Fuerza

Una espalda fuerte es una espalda sana, y mi ejercicio favorito en este sentido es la dominada. El simple hecho de pasar un par de minutos diarios colgado también es beneficioso.

Otro buen ejercicio para fortalecer la espalda es el peso muerto, y aunque muchos le tienen miedo, puede ayudar a tratar dolores de espalda baja, siempre que lo realices con buena técnica y progresión adecuada.

Además de tu espalda debefortalecer la musculatura abdominal, que juega un papel central a la hora de proteger la columna vertebral. Si tus músculos son fuertes, tus vértebras soportarán menos carga y reducirás el dolor.

Circulación

Como vimos previamente, tu cuerpo puede curarse solo, pero necesita materia prima. El ejercicio aeróbico no fortalecerá mucho tu espalda, pero le suministra los nutrientes que necesita. Como indica un estudio:  “El ejercicio aeróbico aumenta el flujo sanguíneo a los tejidos blandos de la espalda, acelerando el proceso de curación y reduciendo la rigidez que puede resultar en dolor“.

Sistema nervioso

Como veremos en breve, el dolor crónico tiene muchas veces un origen neurológico, no anatómico. Múltiples factores pueden contribuir a la llamada sensibilización central, haciendo que el cerebro produzca más dolor con menos provocación.

Por suerte, el ejercicio modula la respuesta del sistema nervioso, mitigando esta sensibilización. Los mecanoreceptores bloquean los nociceptores, o en otras palabras, el movimiento bloquea el dolor.

Además, al realizar movimientos sin dolor tu cerebro perderá poco a poco el temor, rompiendo el círculo vicioso de miedo-evitación. Pero recuerda que el movimiento es una poderosa medicina, y como con cualquier medicina, la dosis importa: el ejercicio debe estimular, no agravar.

Por supuesto el trabajo manual de un buen fisioterapeuta puede ayuda, pero si no se acompaña de ejercicio, sus efectos serán limitados.

Muchos prefieren terapias pasivas (como tomar pastillas o someterse a cirugías) antes que esforzarse por hacer más actividad física o desarrollar nuevas herramientas mentales. Pero como afirmó Séneca, “Para librarte de lo que te aflige, no debes ir a un sitio diferente, sino convertirte en una persona diferente“.